domingo, 14 de febrero de 2010

PORTAL PLEYADIANO DE LUZ


canalizado por Gillian MacBeth-Louthan para el Sedona Journal


Somos un portal de luz dentro del Sistema Estelar Pleyadiano, un faro cristalino que les permite la entrada a nuestro punto de espacio y tiempo donde la luz puede doblarse y pulsa conocimiento y sabiduría a todos los que entran por nuestra puerta. Somos como un portal estelar cristalino que alberga los códigos de luz que han estado cautivos y buscan ser completados por aquellos que tienen el anhelo de nuestra energía en su corazón.

Siempre hemos existido como luz. No podemos ser nada más que la expresión de la luz. Anunciamos desde los soles detrás de los soles, la luz detrás de la luz. Somos su reflejo así como somos su comienzo. Somos todo lo que ha existido jamás y todo lo que ha nacido a la forma a través del tiempo.

En todos los textos se refieren a nosotros como los Grandes Seres de las Pléyades que acompañaron a la humanidad a un escalón superior y a una escalera de diferencia genética. Hemos venido a reflejarles partes de ustedes mismos que estaban ocultas dentro de su propia sombra humana. Venimos a reflejarles la veracidad de su belleza y de sus habilidades, las que no pueden ver mientras se encuentran atrapados en el torbellino de la sanación, arreglo, supresión, dejar ir, soltar.

Cada uno de ustedes representa un universo, un universo que había tenido amnesia y había olvidado que es un universo. Su cuerpo contiene en su interior un trillón de galaxias y constelaciones que representan a todos los seres en los que encarnaron. Su Tierra es un anfitrión para todos estos millones de universos que se aceleran en la plenitud de ser y la plenitud del recuerdo. No existe un simple mortal sumiso en toda la estructura de la Tierra. Como en toda existencia hay agujeros negros, agujeros blancos y agujeros azules. Hay gigantes rojas, enanas marrones. Hay estrellas calientes, hay estrellas frías. Hay energías amigables con el medio ambiente y energías que quieren destruir su medio ambiente.

Ustedes son seres galácticos de proporciones inimaginables. Como el universo que son y nacieron para llegar a ser, es hora de atar los cabos sueltos y cortar los adornos de ser estacionarios e ineptos en su así llamada humanidad. La luz que sale emanando e irradiando de su lucero – el Sol – es de lo profundo de las Pléyades. Brillamos en la Atlántida, en Lemuria, y en el Antiguo Egipto. Fuimos la luz adorada por los mayas. Los Anasazi y los sumerios conocieron por igual nuestra calidez. Se nos ha conocido a través de civilizaciones que van más allá de sus registros de tiempo y de piedra. La Luz de las Pléyades se inclina y suavemente los reúne. Reúne cada ápice de ustedes que está fracturado. Reúne el ADN que es delgado y frágil y lo hace fuerte y vibrante. Reúne las células de tristeza y les trae alegría. Reúne todas las partes de ustedes en un punto que sólo puede iniciar la creación. Es un punto de amor.

Es esta energía que llega y los escolta hacia más de lo que jamás hayan experimentado o creído posible experimentar alguna vez. Deben separarse de la unión de todo lo que sabían eran limitaciones y convertirse en una nación soberana de luz en sí mismos. Ya no pueden esperar que su ciudad, sus concejos, su familia, su pueblo y su gobierno se unifiquen. Ustedes son una entidad completa en sí mismos. Son un campo unificado completo de luz en sí mismos. No hay nada fracturado ni roto en su existencia, salvo como ustedes perciben que está. Deben salir del dolor y el aislamiento y mirar plenamente qué representan ustedes.

Todos ustedes están aquí como Emisarios de Luz, como Embajadores del Creador. No están aquí para preocuparse, para que sus cuerpos se vuelvan frágiles y viejos y enfermos. Están aquí para captar la culminación y ver la totalidad, ver cuál fue el motivo de su existencia. Es a través de esta aceleración de partículas y del campo unificado de luz que ustedes nacen en su totalidad. No hay nada que no puedan lograr. No hay nada que no puedan crear. No hay nada que no puedan sanar. Ustedes hacen y afectan todo. Todo en su mundo los oye.

Ustedes son seres que han olvidado su inmensidad. Si van a salvar a este mundo, porque para eso encarnaron, deben comenzar con ustedes mismos. No son víctimas de nada ni nadie a menos que así lo decreten. No hay nada que pueda hacerles daño, no hay nada que pueda destruirlos, no hay nada que les puedan arrebatar, porque ustedes son el centro del universo en forma humana. Han olvidado la totalidad de su ser. Despierten a lo que son.

Hablen como un Dios. Piensen como un Dios. Lleguen a ser como un Dios. No permitan que las distracciones de su día, de su humanidad, de su cuerpo, se adueñen de ustedes y los esclavicen de tal manera que eso menosprecie la creación misma de quienes son. Salgan del cuerpo y obsérvenlo como un vehículo que ustedes dirigen, un vehículo que los transporta a través del espacio y el tiempo en todo sentido y en todo pensamiento.
Donde están sus pensamientos es donde habitan ustedes, véanlo como su dirección de creación. Esta dirección se convierte entonces en su universo cuantificado y campo definido de luz. Vuelvan a definirse quiénes son y luego, como sigue el día a la noche, se volverán a definir en cada célula de su cuerpo, en cada nivel de su vida, y en cada documento que alguna vez haya registrado su vida, su nacimiento y su muerte. Ustedes son el centro del universo. No tomen eso a la ligera. Porque el lugar donde están en su pensamiento, en su ser, en su construcción de circunstancias, envía ondas a través de toda existencia. Eso afecta su pasado y presente y su futuro, porque todo está conectado.
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