jueves, 4 de febrero de 2010

EL DESAPEGO


Camino hacia la Transformación


El mayor ejemplo de desapego nos lo dan las abejas.
Después de construir la colmena, la abandonan. Y no la dejan muerta, en ruinas, sino viva y repleta de alimento.
Dejan toda la miel que fabricaron de más, sin preocuparse con el destino que tendrá.
Levantan vuelo hacia la próxima morada sin mirar para atrás.



En la vida de las abejas encontramos una gran lección. En general el hombre construye para sí, piensa en el valor de la propiedad, ambiciona conseguir más bienes, sufre y pelea ante la inminencia de perder aquello por lo que "luchó" para conseguir.

"Donde esté nuestro corazón, allí estarán nuestros tesoros...". Por lo tanto, no puede haber paz donde los pensamientos y los sentimientos forman una telaraña que atrapa al ser en lo que considera suyo. Esta telaraña no lo deja alzar vuelo rumbo a nuevas moradas. Y dicho impedimento vale tanto en vida como en la muerte, puesto que un simple pensamiento como "¿Quién se quedará con mi casa?", es capaz de retenerlo en una etapa que ya podría haber superado. Prisionero en un plano denso, pierde oportunidades de experiencias superiores.

Para el hombre, es normal quitarle la vida a los animales y utilizarlos como alimento. También lo es derribar árboles para elaborar conservas con su médula. Compra todo preparado y más de lo necesario. En cambio, las abejas fabrican su alimento sin destruir nada y, además, donan la mayor parte.

La lección de las abejas está en su espíritu de donación. En un acto poco común de desapego, abandonan lo que les llevó una vida construir. Simplemente lo sueltan, sin preocuparse por el destino que tendrá. Dejan lo mejor que tienen, sea para quien fuere, lo cual es muy distinto de donar lo que no tiene valor o de dirigir la donación a nuestros preferidos.

Si queremos ser libres, si queremos dejar de sufrir por lo que tenemos o por lo que no tenemos, debemos abrigar un único deseo: transformarnos. El ejercicio consiste en tener siempre presente que nada ni nadie nos pertenece, que no vinimos al mundo para poseer cosas ó personas, y que debemos soltarlas. De modo que, cuando algo o alguien tiene que irse de nuestra vida, no alimentamos la ilusión de pérdida. Adquirimos una visión más amplia.

El sufrimiento llega cuando nos aferramos a algo ó a alguien. El apego empaña lo que debería estar claro: por detrás de una supuesta pérdida se esconde la enseñanza de que está por llegar algo mejor para nuestro crecimiento. Y si no renunciamos a lo viejo, ¿cómo puede haber espacio para lo nuevo?