viernes, 26 de marzo de 2010

Relaciones

un artículo clásico de Virginia Satir

Ante la más mínima desavenencia con las personas con las que tratamos o convivimos, tenemos tendencia a repetir actitudes que en realidad nos alejan e Impiden que la relación prosiga y crezca. Por ello, cuando surge un problema, vale la pena preguntarnos si tenemos verdaderos deseos de que la relación continúe y, si es así, que adoptemos un comportamiento claro y sincero.

Mejorar nuestras relaciones es una búsqueda de toda la vida, en la que necesitaremos tanta paciencia como valentía para correr riesgos.

Todos tenemos hábitos que aprendimos para sobrevivir emocionalmente/ y que seguimos utilizando en momentos importantes, sin darnos cuenta de que actúan en contra nuestra y nos aíslan.

Para muchos de nosotros, lo cómodo es lo familiar, aquello a lo que nos hemos acostumbrado desde pequeños.

Si abandonamos los hábitos familiares, obviamente entramos en lo desconocido, y eso nos asusta. Si deseamos cambiar, debemos renunciar a lo familiar para ahondar en lo desconocido, y a menudo aparece ansiedad o inseguridad.

Es lo que le sucedió a aquella recién casada que preparaba un asado. Cuando lo cortó cuidadosamente por la mitad y lo colocó en dos recipientes, su esposo exclamó sorprendido: «¿Por qué haces esto?»». Ella, con gran seguridad respondió: «Es la forma en que se hace, mi madre siempre lo hacía así». El marido, consciente de que no era un experto en cocina, pero dudando aún de ese razonamiento, decidió investigar. Corrió a la casa de su suegra y se encontró con que ella, en efecto, hacía el asado de la misma forma y su respuesta fue la misma: «Es la forma en que se hace, mi madre siempre lo preparaba así». Por fortuna, la abuela aún vivía, por lo que el marido fue a visitarla y le relató la historia. Ella escuchó muy atentamente y después, muy sorprendida y divertida dijo: «¡Ay, Dios mío!, siempre tuve que alimentar a tantas personas y sólo tenía dos fuentes pequeñas, por eso tenía que cortar la carne en pedazos pequeños para que así cupiera en ellas».

¿Cuánto tiempo seguiremos haciendo las cosas por rutina, como las hacía nuestra madre, aunque la situación haya cambiado para nosotros?
A primera vista podría parecer que hacer los cambios que deseamos va a representar un trabajo enorme. En alguna forma lo es, sobre todo si pensamos hacerlo inmediatamente o de una manera especial. Pero si realizamos los cambios poco a poco y en la forma que más nos convenga, será más fácil.
Además, un solo cambio influencia a todo lo demás, lo que significa que podemos empezar por cualquier parte... Una vez comenzado el proceso de cambio, si nos mantenemos en él, nos convertimos en personas cada vez más capaces de estar en contacto con los demás. En un contacto real, creativo y amoroso.
Ante todo, sinceridad Para poder comunicarnos con alguien, el primer logro es llegar a ser sinceros con los propios sentimientos.
A esta capacidad de ser sincero emocionalmente la llamo congruencia. Cuando las personas no se sienten congruentes en sus relaciones, se llega a una serie de juegos de poder y «operaciones de ganancia-perdida».
Pienso que el poder es como la energía, algo que se puede usar, canalizar y dirigir hacia fines destructivos o constructivos.
En mi opinión, podemos utilizare! poder para obtener libertad.

He descubierto cinco libertades:

La libertad de ver y escuchar lo que realmente ocurre, en lugar de lo que debería ser, fue o será.

La libertad de decir lo que uno siente o piensa, en lugar de lo que uno debería sentir y pensar.

La libertad de sentir lo que uno siente, en lugar de lo que uno debería sentir.

La libertad de pedir lo que uno quiere, en lugar de esperar el permiso para hacerlo.

La libertad de correr riesgos por nuestra cuenta, en lugar de no arriesgarse y preferir «lo seguro».

Poder y relación

Considero que vivir estas cinco libertades es el mejor uso que se puede dar al poder personal. Somos congruentes cuando al establecer una relación nos responsabilizamos de lo que sale de nosotros. Si actuamos como si la otra persona fuera la responsable, estamos dejando nuestro poder en las manos de esa otra persona. «Tú me haces posible la vida» es equivalente en cuanto a uso del poder a «Tú eres responsable de mi muerte».
La primera frase suena positiva y la segunda negativa, pero significa lo mismo: «Te he dado mi poder». En este caso una persona está «arriba» y la otra «abajo» y, por lo tanto, no puede existir una relación verdadera. Todos necesitamos el poder y todos lo tenemos, aunque es probable que no lo reconozcamos.
Pero la pregunta clave es:
¿cómo utilizo ese poder?
¿Lo ejerzo infravalorándome, es decir, complaciendo siempre a la gente para que al menos se me permita vivir?
¿Por medio de la agresividad, forzando a los demás a que me obedezcan, para sentirme seguro al menos por el momento?
¿Siendo "razonable», en exceso, o sea, asfixiando a la gente con palabras y aburriéndola con explicaciones interminables que no muestran ningún sentimiento?
¿Siendo irónico, llamando la atención con acciones incoherentes, para despistar a la gente? ¿Siendo congruente para que los demás sepan que se puede confiar en mí, pues soy claro?

Creo que las personas que utilizan formas de comunicación incongruentes las aprendieron en la infancia. Son las mejores formas de sobrevivir que conocen, por lo que merecen mi respeto.

Además, muchas personas no prestan atención a lo que ellos mismos dicen, y por tanto no son conscientes de que se infravaloran o recurren a la agresión, la palabrería o la ironía.
Y la mayoría de ellas no quieren dejar estas formas pese a darse cuenta de que las usan.

El resultado es que muchas personas se sienten, por diferentes razones, solas y rechazadas, incapaces de ser amadas y apreciadas.
Utilizan formas ineficaces de relación en su esfuerzo por conseguir auto-estimación.

Formas que les mantienen con vida, pero no «vivos».

Si existiera una guía para conseguir relacionarnos con los demás, podría contener estas sugerencias:

En primer lugar, invita a la otra persona a que entre en contacto contigo: «Tengo algo que decirte, ¿podrías prestarme atención?
, «Me gustaría hablar contigo», «¿Tienes un rato libre? necesito compartir algo contigo».
Adopta una postura física tal que os permita estar frente a frente, con los brazos sueltos. Prepárate para correr riesgos cuando muestres lo que sientes en tu interior.
Emplea frases en primera persona: «Estoy enfadado» en lugar de «Tú me haces enfadar»;
«Estoy preocupado» en vez de «Tú me preocupas».
En resumen, asume la responsabilidad de lo que dices y de lo que sientes en el momento. Pregunta para obtener la información que te falta. Considera las dificultades que se presenten como oportunidades de crear algo nuevo en lugar de pesar que son el principio de una nueva desgracia.

. Las personas podemos aprender y crear a partir de una dificultad.

Y quizá te sea útil recordar este último pensamiento:

«Los humanos nos conocemos sobre las bases de nuestra semejanza y crecemos sobre las bases de nuestras diferencias».

MONICA FRANCO
Terapeuta transpersonal de expansion de la consciencia.