jueves, 22 de abril de 2010

Vivir desde el Corazón - Las Seis Virtudes del Corazón,



por WingMakers (Creadores de Alas)

Introducción

Si fueras a trazar las trayectorias evolutivas de los últimos 2000 años para la tecnología, la ciencia, la economía, la medicina, y para la mayoría de cualquier otra categoría del esfuerzo humano, observarías líneas indicativas elevándose como cohetes, particularmente en los últimos 100 años. Solamente en éstas categorías relacionadas con la emoción humana observarías líneas horizontales, y, en algunos casos, degeneración.

Está claro que en una escala intelectual, tecnológica y monetaria nuestro progreso se ha desarrollado dramáticamente, pero cómo manejamos nuestras emociones, y lo que es más importante, cómo las orquestamos para realzar nuestro entendimiento de la vida y de la percepción intuitiva ha cambiado muy poco desde el amanecer de la civilización.

Con todo y eso, cuando lo consideras, nuestra habilidad para vivir desde el corazón y coordinar nuestras emociones es un componente clave para una vida buena —y no solo para nosotros mismos, sino para nuestro círculo familiar y de amigos, para la comunidad, y para todo el planeta. Eso hace posible ajustarnos más fácilmente a las desafiantes curvaturas que constituyen invariablemente nuestro viaje a través de la vida. Nos permite que funcionemos desde una base de estabilidad comparativa en vez de las tierras movedizas de los dramas de la vida que drenan nuestra vitalidad innata espiritual.

SECCIÓN 1: Las Seis Virtudes del Corazón

El corazón energético se compone de seis formas primarias de expresión. Agradecimiento, Compasión, Perdón, Humildad, Entendimiento y Valor1. Entrelazados juntos, estos seis comportamientos constituyen la esencia del corazón energético y, cuando es expresada en nuestra vida diaria, le hace posible al corazón energético su función como un portal a nuestro ser más íntimo o alma. (Ver el diagrama siguiente).

Independientemente de la importancia que le demos a nuestro intelecto o capacidad mental, es meramente una forma de inteligencia, y aunque tiene un lugar importante dentro de nuestro mundo, sin duda alguna, no es la inteligencia primordial de nuestro Ser. Nuestra inteligencia primordial es fortalecida a través de nuestra maestría emocional y de nuestra habilidad para conducir nuestra vida desde la plataforma de las seis virtudes del corazón, lo que a su vez nos une a los reinos iluminados de nuestra intuición, la cual es nuestra conexión coherente al campo universal de la información, denominado por los físicos como el vacío cuántico.

Hay un refrán dentro de la Orden de Enseñanza Lyricus: “Lo que uno puede expresar a través de su corazón es oro ante el hierro que expresaría con la mente”. El oro, en este caso, es la capacidad de expresar las seis virtudes en fila, separadamente, o como una amalgama ensamblada ante las diversas situaciones que la vida presenta. Se trata de aprender a modificar tus acciones basándote en estas seis virtudes y observando cómo ellas re-calibran tu sistema de valores, re-vitalizan tu energía y creatividad, y recuperan tu sentido de equilibrio y balance emocional.

Haciendo esto, no solo aplicas tus energías emocionales al propósito de crear y mantener un estado personal coherente, sino también creas un campo coherente alrededor de ti: un campo que toca y se cruza con otros mediante los principios del embrollo, resonancia, coherencia, y no-localismo cuánticos. Las energías de nuestro campo emocional son reales e interconectadas en un vasto ensamblaje de intención e información que es casi-ilimitado en su alcance.

Las emociones más densas como celos, avaricia y cólera entran a este campo cósmico y comunican sus instintos más bajos, creando las condiciones para la lucha e inestabilidad dentro de nuestra realidad manifestada. Las energías más finas que componen las seis virtudes del corazón, comunican los instintos divinos del campo cósmico o cuántico que envuelve el multiverso. Por lo tanto, nos queda una opción para conducir nuestra personalidad y emociones de tal modo que ellas comuniquen las frecuencias divinas que elevan y apoyan toda la vida al campo cuántico en el cual vivimos todos. Si ésta es nuestra elección, entonces la maestría de las seis virtudes del corazón es un método eficiente y eficaz para su obtención.

Se reduce a esto: accedemos a nuestra divinidad a través del corazón y no mediante la cabeza. El intelecto de uno puede abarcar grandes cantidades de información y conocimiento. Podemos estudiar todas las palabras de nuestros profetas y eruditos, pero si no estamos expresando las seis virtudes del corazón, tan solo hemos llenado nuestras cabezas de palabras, conceptos y alardes intelectuales. Nuestros comportamientos siguen atados a los instintos básicos, y aunque podemos escribir o hablar de profundos conocimientos, nuestras energías emocionales siguen siendo agitadas e inciertas en su expresión en cada momento, y no son guiadas por la voz inteligente de nuestro corazón.

La Habilidad Artística de la Expresión

Hay una habilidad artística implícita en la expresión de las seis virtudes del corazón, pero antes de que el arte pueda ser expresado, las virtudes deben anclarse en la autenticidad. Las virtudes no pueden ser manufacturadas desde construcciones mentales o simplemente moviendo los labios. Esta calidad de autenticidad es un resultado del sentido de conexión de la mente y corazón a una estructura más profunda dentro de la que cada una de estas virtudes opera. Para la mayoría de la gente, esta conexión toma tiempo para desarrollarse y madurar. Empieza, sin embargo, teniendo un entendimiento de que existe una metodología, y después contemplando y sintiendo qué es, cómo trabaja, y por qué es importante aplicarla en la vida de uno.

Este entendimiento sirve como base para el arte, el cual se asocia con cómo y cuándo uno maneja las seis virtudes, o un sub-conjunto de ellas, para las diversas situaciones de la vida. Puedes considerar las seis virtudes (agradecimiento, compasión, perdón, humildad, entendimiento, y valor) como notas musicales. Si golpeas estas notas simultáneamente hay un acorde y este acorde es amor divino —la máxima vibración contenida dentro del campo cuántico que un ser humano puede recibir y transmitir.

Cada una de las seis virtudes puede ser activada con increíble velocidad y virtuosidad cuando la persona que expresa la virtud opera desde una plataforma de alta coherencia y un sentido de neutralidad. En este estado, uno puede navegar su vida buscando la sabiduría en cada nuevo desafío, la chispa creativa en lo mundano, el sentimiento intuitivo alrededor de cada esquina, y los ritmos más profundos en la aparente calamidad de la vida diaria.

La forma en que uno puede lograr y conservar este estado de coherencia descansa en gran parte en su arte, y, en cierto grado, en la vigilancia, de la aplicación de las seis virtudes del corazón. Hay un proceso en espiral ascendente en esta práctica. Primero, uno debe estar ubicado en la metodología, y esto puede ser hecho estudiando el documento electrónico gratuito: El Arte de lo Genuino: Un imperativo Espiritual y después contemplando su significado. En segundo lugar, uno puede experimentar con las seis virtudes y aprender cómo profundizar su entendimiento —no en un nivel intelectual, sino más bien en un nivel de aplicación práctico. En otras palabras, ¿cómo aplica uno las virtudes de la humildad, entendimiento y perdón a la persona que justo acaba de quitarte el lugar del aparcamiento en la tienda?

Es en este nivel —el nivel práctico donde todos vivimos— debemos practicar el arte de las seis virtudes para que no perdamos nuestra capacidad de auto-fortalecernos. Es en este auto-fortalecimiento que nos elevamos como seres espirituales a los desafíos del mundo físico. Esta forma de fortalecimiento es diferente que decir la verdad para impulsar, o imbuir tu autoestima con el elixir de la invencibilidad. Es el fortalecimiento de solucionar el problema de la agitación emocionalmente arraigada de la vida diaria con la incandescencia de la inteligencia del corazón y de saber cómo y cuándo hacer uso de esta inteligencia.

En el ascenso continuo para dominar estas virtudes y expresarlas en nuestras vidas, refinamos nuestro entendimiento. No se trata de las repentinas revelaciones mencionadas en los textos de antiguos días o de la conciencia alucinógena del mundo moderno, sino más bien del entendimiento robusto de que somos parte de un campo vibratorio que energéticamente nos incluye, registra nuestros modos, genera nuestra realidad holográfica, y nos reinventa de nuevo en la línea de tiempo que corre hacia y desde la eternidad.


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Definiciones de las Seis Virtudes del Corazón

He resistido la tentación de definir las seis virtudes del corazón en detalle, aunque proporcionaré un punto inicial para su definición de modo que puedas adornarlas de acuerdo a tu propia experiencia y percepción.

Agradecimiento: En los niveles sutiles, esta virtud está enfocada en una comprensión específica que la Primera Fuente (Inteligencia Superior) rodea a nuestros semejantes como un campo de conciencia y que esta conciencia nos unifica. Si estamos unificados, por lo tanto operamos como una conciencia colectiva en algún nivel profundo, y en este lugar, compartimos un propósito común que es granulado, supremamente vital, con todo y eso es misterioso, dinámico e incierto. Esta comprensión, o incluso creencia, cambia nuestro foco desde los pequeños detalles de nuestra vida personal hasta la visión de nuestro propósito como una especie.

En un nivel más práctico, el agradecimiento se expresa a sí mismo en los pequeños gestos de gratitud que sostienen la lealtad y unidad de las relaciones. Los más profundos niveles de agradecimiento hacen genuinas las expresiones de nivel relativamente superficial debido a que provienen de frecuencias del alma en lugar de los motivos del ego o de la mente.

Compasión: Muchos maestros han hablado elocuentemente sobre la compasión como la comprensión profunda del sufrimiento de otro combinado con el deseo de aliviar ese sufrimiento. En el contexto de la nueva inteligencia que se está asentando en nuestro planeta, la compasión es un deseo activo de ayudar a otros a alinearse con los nuevos campos de inteligencia que se están manifestando en el mundo tridimensional, consciente que su deseo y habilidad para alinearse está distorsionado por su culturización social; ya que esta no refleja fielmente su inteligencia, inclinaciones espirituales o propósito.

La compasión por lo tanto se extiende tanto a nuestros compañeros como al planeta en sí mismo con la toma de conciencia de que somos parte del destino de todos aunque solo sea durante un periodo de vida. El planeta y la persona danzan en las corrientes ascendentes de la Primera Fuente en un proceso conjunto de regeneración y renovación. Todos somos parte de las misteriosas oberturas y trascendencia energética que está ocurriendo entre la Tierra y el universo, y a medida que la Tierra transforma sus densidades acumuladas, cada uno de nosotros es desafiado a transformar las suyas, o volverse cada vez más integrado en nuestros miedos y confusión emocional.

Perdón: El perdón opera en base al supuesto de que cada uno de nosotros estamos haciendo lo mejor que podemos bajo la circunstancia de nuestra experiencia de vida y según el grado que nuestra frecuencia de amor satura nuestro instrumento humano. Cuando una persona opera desde las virtudes del corazón y las ricas texturas de sus auténticas frecuencias, el perdón es un estado natural de aceptación.

Cuando una injusticia percibida entra a nuestra experiencia —sin importar cuan significativa sea o si percibimos que nosotros mismos somos la causa o el efecto— podemos inicialmente reaccionar con las agudas emociones de hacernos la victima o de la irritación, pero este desorden emocional puede ser rápidamente despejado sustituyendo tu sensación de ser la victima o irritación con el entendimiento y la compasión.

El perdón es realmente la expresión externa del entendimiento y la compasión sin los pesados sentimientos de dualidad (es decir, bueno o malo) que normalmente introducen la presencia del juicio. Ésta es una expresión neutral sin ningún otro diseño o propósito que auto-liberarte de las garras del tiempo, que son similares a arenas movedizas energéticas, enmarañándote energéticamente a un estado emocional basado en el tiempo.

Humildad: El propósito más importante del alma es expresar el amor mientras está encarnada en los mundos del tiempo-espacio. Ésta distribuye esta sublime y delicada frecuencia de amor al cuerpo y mente humanos sin condición ni motivo. No será una sorpresa que ésta encuentra un colaborar más dispuesto en el corazón que en la mente. La humildad es darse cuenta que el corazón, la mente y el alma están co-relacionados en la gracia de una Inteligencia Superior o Fuerza Diseñadora, y que su mera existencia es sostenida mediante esta conexión de amor incondicional.

En los materiales religiosos, psicológicos y filosóficos de nuestro planeta hay gran consideración dada a la mente. Así como piensa un hombre así es. En un nivel más granular, mucha gente cree que lo que piensa causa sus sentimientos, lo que a su vez crea su tasa vibratoria y esta tasa vibratoria atrae su experiencia de vida. Así, aplicando esta lógica, el modo de atraer cosas buenas en nuestra vida es pensar correctamente, para no atraer el mal o situaciones difíciles.

La humildad entiende que el ser que tú representas —tu identidad total— no está conformada según una reacción en cadena de la mente. Sino más bien, ésta es la presencia del amor encarnado en forma humana, y este amor se expresa a sí mismo en las virtudes del corazón, en el intelecto puro de la mente contemplativa, y en las actividades co-creativas del corazón, mente y alma. La humildad es la expresión de esta frecuencia de amor sabiendo que ésta se deriva desde lo que ya existe en una dimensión superior, y en esta dimensión, el amor no es una cosa de pesadez de sentimientos y emociones. Es una fuerza liberadora donde todos somos uno, todos somos iguales, todos somos divinos, y todos somos inmortales.

Entendimiento: El mundo de la forma, del mismo modo que los mundos sin-forma, está compuesto de estructuras energéticas por debajo de su expresión más densa. En un sentido real, toda cosa en el universo es energía con periodos de vida incalculablemente largos basados en energía. La energía es transformacional; es decir, ésta puede alterarse o cambiar de un estado de ser a otro o, en el caso de los humanos, cambiar de conciencia. La estructura energética humana con frecuencia es descrita como el sistema de chakras o cuerpo electromagnético, aunque es más que esos componentes. La estructura energética es una forma de luz, la que a su vez es una textura del amor divino.

Es un hecho que nosotros estamos compuestos de amor en nuestra estructura fundamental, y es esta frecuencia de amor la que es la base de nuestra conciencia inmortal o alma. Todas las densidades más bajas son sombras de esta luz y operan en el tiempo- espacio, lo cual provee una envoltura de densidad y separación de esta frecuencia primordial de amor. Los mundos de tiempo-espacio alteran o diluyen esta conexión que sentimos en la estructura energética primordial de la que todos estamos constituidos, y esto disminuye nuestro sentido de conexión no solo con nuestra divinidad, sino con Dios y toda la vida.

En este punto está la paradoja del ser humano: nuestra estructura más íntima es amor divino y nuestra estructura externa es un medio de experiencia para la estructura más íntima, pero hemos sido encarrilados por el vehículo externo a tal grado que nos identificamos más con este último que con el ocupante —nuestro verdadero ser— del interior.

Todos nosotros sentimos esta disociación con nuestro verdadero ser y la sobre-identificación con nuestro vehículo (el instrumento humano); tal vez solo en ese grado de identificación es que hay alguna diferencia entre nosotros. El entendimiento es el aspecto de la inteligencia del corazón que reconoce que esta disociación con el amor es un componente de diseño necesario del proyecto más grande que está ocurriendo en el planeta. En otras palabras, no es que la humanidad haya caído de la gracia o que esté irrevocablemente inclinada hacia el pecado. Sino más bien, simplemente hemos aceptado la representación de la realidad que es dominante, y ese dominio no es por accidente sino que es parte de un diseño más grande.

Hay una frase bien conocida dentro de los Lyricus que burdamente traducida dice: “La elegancia del tiempo es que desenreda las estructuras del espacio que han aislado al amor de sí mismo”. Las estructuras del espacio, en este caso, se refieren al instrumento humano. Solo el tiempo puede derribar las rígidas barreras o membranas sutiles que impiden o disminuyen la frecuencia del amor para que ejerza su sabiduría en los comportamientos del individuo.

Si el tiempo es la variable de importancia, es lógico que cada uno está en su ruta para darse cuenta de este hecho; es simplemente una cuestión de tiempo antes de que ellos lo logren. Por lo tanto, el tiempo es la diferencia que nos separa. En cierto sentido, todos nosotros estamos trasladados en el tiempo uno del otro. Nadie opera exactamente en el mismo tiempo relativo para romper el sello de la frecuencia de su amor desde el mundo de la forma.

Valor: Mientras que el valor generalmente es usado en el contexto de guerra o campo de batalla, éste está, como un elemento del amor, enlazado con el acto de decir la verdad para impulsar, especialmente cuando es cometida una injusticia. Es común en el orden social actual pretender ignorar las injusticias de nuestro mundo. La auto-absorción en el mundo propio de uno es una amenaza clave que menoscaba la expresión del valor, y el miedo a las consecuencias es la otra.

El valor es el aspecto de tu amor que defiende su presencia al enfrentar la injusticia como es medida en el orden social. Si tú no defiendes tus virtudes –o las de aquellos que son muy débiles para defender las suyas— tú te has separado de ellos y has perdido la oportunidad para ser una fuerza co-creativa en el mundo de la forma.

Esto no necesariamente significa que debas convertirte en un activista o defensor de una lista de causas sociales. Simplemente requiere que te defiendas a ti mismo de la injusticia. Los niños en particular requieren de esta protección. Cuando tenía alrededor de siete años recuerdo vívidamente que iba a una tienda con mi padre y mientras caminábamos por el aparcamiento notamos a una madre literalmente sacudiendo a su niño en el asiento trasero del auto. Era un sábado muy ocupado y había mucha gente en el aparcamiento, pero fue mi padre quien se aproximó a la mujer y le pidió detenerse. Su voz fue firme con convicción y la mujer inmediatamente se detuvo.


Este fue un acto de valor porque no hubo juicio real asociado con éste; fue simplemente una injusticia que requirió intervención en el momento. La compasión tanto con el niño como con la madre estuvo presente en mi padre, y creo que la madre entendió esto. Este es un ejemplo de cómo las virtudes del corazón rara vez aparecen aisladas, sino más bien como una combinación que se trenza a sí misma para fortalecer y vigorizar una situación dada.

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