martes, 27 de enero de 2009

SARAH Y EL ZAPATO VIEJO

Esta historia es breve, Me gusta mucho porque representa cómo pensamos algunas veces. Cuando no vivimos en el espiritu

Sarah era una mujer iluminada de la nueva era. Comprendió cómo tomar responsabilidad de su vida y que tenía que encontrar una razón para estar en el planeta. Sarah, por lo tanto, preguntó a sus guías cómo buscar su "sitio dulce" (el lugar dónde sentía que tenía que estar), y le dieron una buena informa­ción. Comprendió los procesos y se dispuso a co-crear lo que sabía que era su pasión.
Sarah deseaba ser parte de la ecología del planeta —ayudar a mejorar la Tierra y todos los que vivían en ella. Así, a través de una ventana de oportunidad que apareció de repente (¿coincidencia?), tuvo la oportu­nidad de hacer exactamente esto. La oportunidad vino en forma de un trabajo en una compañía que trabajaba con sistemas ecológicos sofisticados; algo que interesaba muchísimo a Sarah y que le hacía sen­tir que podía hacer algo diferente para muchas otras personas. Su nuevo trabajo la obligaba a cruzar la ciu­dad cada día para trabajar en una cómoda oficina donde podía cumplir el objetivo de su vida.
-Por esto estoy aquí —reconocía—. Siento tal pasión por esto.
Se sentía alegre y en paz. Todo iba bien cuando empezó a trabajar, excepto por una cosa. Verán, al encarnarse para venir a este planeta, Sarah llegó con miedo a los sitios pequeños. Para llegar a su trabajo, Sarah tenía que ir en metro, y dos veces al día la expe­riencia la paralizaba. Cada mañana entraba en el metro y se fundía lentamente en su propio miedo. Estaba ansiosa, agarrada al poste con su mano sudosa, y su corazón batía violentamente durante los 25 minutos que duraba el trayecto hasta su maravilloso trabajo.
Después de un mes, Sarah fue a ver a sus guías y admitió con dolor:
-Esto no funciona. Tengo que encontrar otro tra­bajo.
Sus guías le preguntaron:
—¿Cómo es posible? ¿No co-creaste la situación exacta que pediste? ¿No es esto una victoria?
—No puedo continuar en este trabajo a causa de mi miedo a los sitios pequeños —contestó Sarah—. Me arruina todo el día, dos veces, ¡ir y venir!
-Sarah, -sugirieron sus guías-, ¿qué tal si elimina­mos el miedo, no el trabajo?
—No lo sé -contestó Sarah dudosa—, he tenido miedo a los sitios pequeños durante 35 años; sólo he tenido este trabajo durante un mes.
Como ven, Sarah estaba cómoda con su miedo. Como un viejo zapato, era algo así como un amigo, una cantidad conocida, algo que siempre estaba allí. Y como un viejo zapato, puede ser feo y en jirones, pero lo había llevado durante tanto tiempo que era la últi­ma cosa que sentía que se podía cambiar.


Esta es una historia real. Sarah existe y también su miedo a los sitios pequeños, el trabajo y el problema son reales.
Le alegrará saber que Sarah sano sus miedos y que cada día utiliza el metro en paz y alegría para llegar a su maravilloso trabajo.
Pero hubo un tiempo en que dudó que pudiera hacer­lo. Se decía, ''¿Qué? Este problema psicológico siempre ha estado aquí. ¿Cómo podría desaparecer? ¡Es pedir demasiado!"
Sarah finalmente tomo consciencia de que el trabajo era más importante que su miedo y descubrió, para su sorpresa, que su logro de anular su claustrofobia era recompen­sado por Dios con resultados casi inmediatos.
Igual que su mente estaba preparada para crear un miedo a los sitios cerrados, su mente también tenía la disponibilidad y la habilidad de anularlos; ¡y tomó el control de la situación e hizo exactamente esto!

Espero sus comentarios


UN ABRAZOEFRAIN GOMEZ OSORIOTERAPEUTA UNI-VERSAL