lunes, 26 de enero de 2009

LOS DOS GRUPOS DE GUERREROS

Parece ser que había dos grupos de guerreros en un sitio determinado del planeta Tierra. Los dos grupos tenían conocimiento de los nuevos dones de Dios en el nuevo tiempo y cada grupo incluía guerreros de la luz. Comprendían sus contratos y sabían que había fuer­zas oscuras en acción que quisieran evitar que alcan­zaran sus objetivos personales. Así pidieron a Dios los dones de la nueva energía y cada guerrero recibió su paquete según habían pedido.
Cada paquete dado a los guerreros era personal, y cada uno de ellos contenía tres elementos: una 'espa­da', un 'escudo' y una 'armadura'. La espada representa­ba la verdad y nunca podía romperse. La verdad es pura, y la espada ofrecía, también, una defensa per­fecta contra los engaños de los oscuros. El escudo representaba el conocimiento -conocimiento de la debilidad del enemigo, y conocimiento de eones de archivos de los antiguos. Ninguna energía podía penetrar el escudo, puesto que el conocimiento anu­laba los secretos y las conspiraciones. Los secretos y las conspiraciones no pueden existir en la luz del conoci­miento porque su poder depende de un espacio negro de ignorancia. La armadura representaba el "manto del espíritu de Dios". Era la sabiduría de conciencia espiritual que daba a los humanos la capacidad como "partes de Dios" que son. Por lo tanto, representaba la sabiduría de Dios en todas las cosas; especialmente la sabiduría para poseer la verdad y apoyar el conoci­miento frente al ataque.
Sucedió que hubo un ataque coordinado de las fuerzas oscuras. Ambos grupos de guerreros de la luz sentían que estaban preparados, y rápidamente busca­ron sus poderosos dones para rechazar al enemigo. Al acercarse las fuerzas oscuras, el primer grupo abrió sus paquetes y miró fijamente su contenido con incredu­lidad. ¡Estaba todo desmontado! Había un manual con una nota que decía, "SE REQUIERE MONTAJE". No podían estar listos a tiempo para enfrentarse al ene­migo, y así este grupo de guerreros fue invadido y vencido por aquellos que podían controlarlos. Sintieron amargura y pensaron que Dios les había engañado con una falsa esperanza y sentimiento de seguridad. Curiosamente, incluso después de la derrota, seguían teniendo sus paquetes pero pensaban que las herramientas eran inútiles.
El otro grupo había abierto los paquetes tiempo atrás. Habían ensamblado las herramientas y habían practicado su uso. Estuvo bien que así lo hicieran, porque descubrieron que la espada era casi demasiado ligera para manejarla correctamente. Descubrieron que el escudo tenía tantas posibilidades que les era difícil saber exactamente cómo sujetarlo, ¡y vieron que la armadura era realmente pesada! Con práctica y meditación, acabaron aprendiendo cómo equilibrar todo, y estuvieron preparados.
Se dieron cuenta de que ninguna de las herramien­tas funcionaba si no era con las otras. La armadura, lo más cercano a su piel, era la clave, porque de algún modo les daba la sabiduría para controlar la espada y el escudo. Además, el escudo se usaba de muchos modos dependiendo de la situación, y la espada se controlaba fácilmente cuando se usaba adecuadamen­te el escudo. Cuando llegó el ataque, el enemigo vio esta fuerza capacitada y escapó. La batalla no existió, y los guerreros se regocijaron de su victoria. No hubo víctimas y no se sufrieron heridas.

Efraim Gomez Osorio